
A través de un canal del río Danubio en Viena, los físicos teletransportaron a lo largo de unos cientos de metros los fotones de Einstein. Para ello, los científicos "domesticaron" el caprichoso efecto cuántico, que Einstein y sus colegas Boris Podolski y Nathan Rosen imaginaron en realidad en 1935, para demostrar que la teoría cuántica estaba incompleta.
"Einstein dijo que el mundo no puede estar tan loco como nos lo cuenta la mecánica cuántica. Hoy sabemos: el mundo está loco", citó Zeilinger a su colega neoyorquino Daniel Greenberger.
"Solamente la información sobre los estados cuánticos de una persona, que tendrían que transmitirse para la teletransportación, llenarían una pila de cidís de mil años-luz", calculó Zeilinger. Un año luz corresponde a alrededor de 10 billones de kilómetros.